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2 ago 2011

Day 06 -- whatever tickles your fancy


Cuando Rocko entró por fin en la habitación, su padre había muerto.

"Gracias al cielo que completé mis deberes magníficos antes de que esto pasara. No quisiera ni imaginarme lo que esas urracas hubieran hecho por mi lugar en El Concilio" fue lo primero que le vino a la mente al nuevo líder de la casa de Jus cuando abandonaba la habitación para ir a hablar con su, casi recién nacido, hermano.

"Al menos fui el último en sufrirlo" y "Quisiera ver la cara de Alberto" fueron otras cosas que le pasaron por la mente en esos momentos. Pero cuando entró en la habitación de su madre, y la miró a los ojos, en verdad deseó estar muerto él. Cuando hablaba con ella, y ella solo lo miraba llorando, supo en verdad lo poco que entendía la manera en la que la gente lidiaba con la muerte. Simplemente no lo entendía.

Durante las siguientes semanas, su madre apenas bajó a desayunar o comer. Cuando la reina Cristal la invitó al festín de bodas de su hijo, Rocko no podía haber estado más feliz. Su mejor amigo se casaba y además su madre saldría de viaje para distraerse un poco. En el camino a Brocktia lo pensó mucho, Rocko debía encontrar una manera inteligente de hacer que su madre abandonara Quinentavé para siempre. Pero pocas cosas lógicas le vinieron a la mente al joven Lord.

Hernán lo miraba preocupado. No le creía esa fortaleza. "Si mi padre se me muere ahora, yo no estaría tan tranquilo" Para tranquilizar a Hernán, Rocko le explicó que, en matrimonio, las cosas siempre son más fáciles de llevar cuando son pesadas cargas para otros.

Dos meses después de ello, en La Gran Cámara Conciliar en Quinentavé, Rocko fue nombrado por fin miembro de El Concilio. Los demás miembros lo recibieron de inmediato con los brazos abiertos. ¿Y cómo no? Lo conocían desde bebé. Leo por ejemplo, fue su cómplice en innumerables travesuras cuando apenas eran unos niños. Dicen que algunos -como Hiro- envidiaron a Rocko al principio de su mandato. Felizmente casado, 21 años y miembro de El Concilio, líder de una de las dos casas más antiguas de La Corona. Rocko simplemente había nacido para el trabajo. Y más le valía, y no solo a él, a todos. Más les valía a todos haber nacido para el trabajo. Los horrores que verían en su vida, no se iban a comparar con nada para lo que el mundo te pudiese preparar. Había que nacer para el trabajo.

Publicado originalmente en Puerto al Olvido. Sujeto a las licencias de The Holy Crown Foundation. ESTO NO ES UNA NOTA DE FACEBOOK.

29 ene 2011

Max en el fin del Mundo - Capítulo 7: En el nombre del Señor


Max en el fin del mundo, es una historia de ficción narrada principalmente en tercera persona, que narra como Max, despertó un día, sin recordar nada a un lado de la carretera. Pronto descubrirá como ya nada es lo mismo y como deberá confiar en personas que jamás ha visto en su vida.


El archivo original en formato de Microsoft Word, puede descargarse desde aquí



-Max en el fin del mundo-

Capítulo 7: En el nombre del señor
(Las cuatro estaciones: Primera Parte)

“Hay gente que no ladra
pero te exprime el alma
hay gente que te odia
pero te lame las manos
así

Hay gente que no arriesga
le tiene miedo a la muerte
hay gatos que no mueren
le dan la vuelta al cielo
así”

Caifanes – De noche todos los gatos son pardos-

13 de Enero de 2011

Este cuento no es sin tiempo. Este cuento no es pasado. Este cuento respira y sangra.
¿Qué tal está tu memoria? Hace tiempo, un año, Max despertó a la aventura de su vida y a la aventura del planeta. Dime, ¿Qué percibes? En el frío de hoy, a la sombra de un cadáver de concreto, a la inexistencia de motores y engranes, ¿no te sabe a virtud la vida? Vives gracias a Max. Y harías bien en saber porqué. Agradecido, así debes estar. No perecimos, sobrevivimos.

El héroe despertó. Descubrió un pequeño detalle que le impulsaría a seguir: la elegida Sandra. Un Guía: Alepz. Un misterio: Sam. Un amigo: Zael. Un cultivador: Many.

Pero no ha terminado el viaje de Max, ni siquiera está cerca aún de descubrir semillas de caos. Harías mal en pensar que es una historia de zombis, harías peor en no reír, te maldigo si piensas que el cuento de Max es simple. Te presumo que Max ya no vive mientras cuento esto. Desde donde te cuento esto, la electricidad es un lujo.

El año es 2011, un humano camina entre los muertos. Entre la neblina matutina y el hedor a panteón sólo unos pies usan botas bien amarradas. Sus piernas aun enfundan esos jeans de mezclilla sucia y desgastada que han sido usados continuamente por ya casi un año. Su playera roja con rayas negras tiene hoyos en varios lugares como pruebas de un camino tortuoso. Sus brazos tienen vendas, sus muñecas cuelgan rosarios y su frente… una banda azul cuyos extremos largos caen suavemente sobre los hombros. En su espalda cuelga una funda, dentro de ella una Katana.

El hombre se dirige sin miedo a la entrada de un cementerio. Debe cruzarlo, es necesario.

Las rejas (que guardan acceso al panteón) se ayudan en su celosa misión por una gorda cadena y un pesado candado; el óxido que les envuelve da testimonio del tiempo que han estado abandonados. Para nuestro héroe, sólo son tela de araña.

Lo primero es pasar la mano tras el cuello, coger el mango de la espada y, usando la menor cantidad de músculos (y bastante fuerza), cumplir la voluntad del arma (“ella sabe lo que quiere”) y destrozar el torpe obstáculo de su camino.

Max logra entrar al cementerio. A pesar del frío matutino y de los más de 40 muertos vivientes que caminan hacia él, nuestro muchacho no gastará fuerzas… no manchará el espíritu de su Katana con sangre que no merece ser derramada. Aunque no le gustan los Zombis detenerse a matarlos sería pérdida de tiempo. Así que sólo camina entre ellos.

El enjambre de monstruos desea comerle, succionar sus intestinos y derramar su exquisita sangre por todo el lodo del suelo. Su memoria le recuerda aquel primer Zombi de la carretera, Sandra tenía razón, nunca olvidará al primero.

Pero Max camina con elegancia. Mantiene su postura mientras esquiva las manos de los lentos infectados con leves movimientos. Si alguno de ellos tuviera la posibilidad de tocarlo, su entrenamiento con los ninjas tepiteños saldría instintivamente a la defensa.

Le llamaron “El elegido”. Realmente nunca le dio importancia, mientras le mostraran cómo poder pagar su deuda, él estaría dispuesto a ser llamado de cualquier forma.

Sus oídos le alertan. Hay algo más que sólo humanoides. La masa de carne podrida que se acerca hacía él escode algo más que sólo ex humanos.

Max lleva la mano al mango tras su espalda y dobla ligeramente las rodillas. Está alerta. Comienza a explorar la zona con su visión, pero la enorme cantidad de Zombis que le rodean le impiden localizar los pasos rápidos que dan origen a un sonido peculiar. Tendrá que usar otra herramienta: Reflejos.

Deberá esperar que el enemigo especial salte sobre la cabeza y cortarlo en el aire (igual que con los ladrillos) sin margen de error u oportunidad de equivocarse.

Los Zombis que lo rodean ya casi lo atrapaban, entonces, un perro Zombi salta por encima de algunos de ellos.

Pero Max no vio a un perro, de hecho, no vio nada en absoluto. Sus ojos estaban cerrados, en su mente lo que volaba era un ladrillo y nada más.

Aprisa cumplió con la voluntad de su Katana, la dejó bailar en el aire y atravesar a su oponente.

Como un trueno; así dibujó su camino a través del cráneo del canino, llevándose su vida con ello. El ladrillo había sido cortado (otra vez) pero había que resolver el problema de los Zombis circundantes.

Igual que el ejercicio de cortar arbustos, lo que se requiere es un tajo horizontal que rebane cabezas, un corte firme y recto que separe las cabezas de los cuellos. Así hizo Max, y su Katana arrancó la cabeza de unos 5 Zombis que estaban justo enfrente, suficientes para cruzar.

A pesar de que aun le rodeaba otra treintena de bichos, Max corrió por la pequeña brecha que había hecho con su espada, arrojó los hombros para empujar a los torpes mugrosos que le impedían el paso y con eso bastó. Corrió sobre el fango haciendo caso omiso a los lamentos que le asechaban, a los mosquitos mutantes y a los Zombis.

De acuerdo a sus planes, después de cruzar el pequeño cementerio encontraría un bosque, luego cruzaría el túnel del metro y por fin haría su camino hasta Chapultetrepo, lugar del último contacto ofial con otro grupo de humanos. Many le había sugerido ir hacia allá, tal vez si alguien del gobierno había sobrevivido podría dar explicaciones al héroe.

De pronto se detuvo en seco. Escuchó un ruido: el cargador de un arma. Un humano, un sobreviviente de esos locos que disparan a lo que ven. Esperó a que su instinto le diera una orden, y cuando la recibió rodó por el suelo (llenándose todo de lodo) y escuchó para su satisfacción que un disparo cruzaba por encima de su cuerpo. Gracias al giro había salvado su vida.

Inmediatamente, con el cuerpo pegado al suelo, Max buscó en su cinturón, encontró una shuriken, y la arrojó en dirección del disparo. Había ensayado más de mil veces el movimiento, así que le salió de forma natural y precisa. Afortunadamente falló; pero su objetivo logró entender el peligro (y el talento) de Max.

La estrella impactó cerca de la cabeza de un sujeto ligeramente regordete, con chinos en toda su cabeza, traje negro y cuello blanco que se asomaba desde una catacumba de concreto.

-¡HAHAHAHA CORDERO PERDIDO DEL SEÑOR! ¡HAS LLEGADO A TU PASTOR!

-…baja el arma…-

-¡MI BASTÓN PARA EL REBAÑO DE DIOS NO CEDERÁ!

Max no advierte en vano, una segunda estrella golpeó la escopeta del reverendo, desarmándolo.

-¡HAHAHAHAHAHA LA PROXIMA VEZ DALE A MI CABEZA MUCHACHO!- Así gritó el loco reverendo mientras corría al interior de la catacumba.

Max no tiene tiempo para estas cosas. Se levanta del lodo y se dispone a correr. Pero delante de sus pies observa un hilo al nivel del suelo que le resulta ligeramente familiar, probablemente se trataba de una trampa bomba, sería ridículo no evitarlo; seguro es una trampa dirigida a los Zombis, pero delante de esa camuflada línea había otra, inmediatamente después otra, y después otra. Prácticamente todo un campo minado. Lo que significa que el único camino libre era el mismo que había seguido el otro sujeto.

Así que se dirigió a la catacumba. Una casita de concreto que se levantaba onerosa en medio de las otras (modestas) tumbas.

Max caminó con cautela hasta ahí, esperando que aquel loco saliese en cualquier segundo. Pero al llegar a la catacumba, al umbral de la misma encontró al sujeto, de píe, fumándose un cigarro.

-Oh, hijo mío. Que grande te has vuelto. Sabes, Dios no nos ha olvidado, sólo nos ha puesto a prueba. Y mi prueba es guiarte. Debo guiarte. Como un pastor que guía a su rebaño. Como Dios nos guía a todos. Soy tu sacerdote, todos me dicen Padre Roquirrim. Amén hijo mío.

Nuestro héroe no respondió, sólo miró al Padre Roquirrim a la espera de un movimiento de ataque.

-Hijo…Jesús nos dio un camino y debo mostrártelo. He llenado de trampas el lugar para que los infieles lleguen a Satanás, sin mi guía, estarás condenado al infierno. Acompáñame.

Roquirrim se adentró al interior de la catacumba y bajó por unas escaleras que guiaban a un camino subterráneo. Max le siguió al interior.

-Verás hijo – dijo el hombre mientras atravesaban el túnel de telarañas y polvo- para mí fue claro el problema. Tanta estupidez de los hombres, tanta avaricia y egoísmo, tanta miseria en el mundo, ¿el padre no se iba a quedar viendo desde su trono, no? ¿Mandaría una catástrofe para limpiarnos, no?

Terminando las escaleras encontraron un camino estrecho rodeado de piedra. Había tanta oscuridad que era imposible saber exactamente qué había en los muros, Max seguía al hombre usando únicamente sus oídos.

-Yo fui un… hereje… yo… me dedicaba a la filmación de películas pornográficas. No me juzgues niño ¡NO ME JUZGUES! yo era un director fracasado que sólo intentaba ganarse la vida, digo, cuando eres un miserable, no hay nada de malo en pasarla bien follando y ganando unos pesitos, ¿eh?

-…eso sólo explicaría tu miseria…

-¡AMEN! Entonces tuve una revelación. Yo estaba en la calle, en algún callejón sucio. Ebrio, recién asaltado y golpeado. Y ante mis ojos, ¡justo delante de mis ateos ojos!, vi a un hombre devorando a otro hombre. Y escuché el canto celestial a través del murmullo del desdichado que perdía el aliento a mordiscos “OH DIOS MIO” gritó. Así lo supe. Así supe que DIOS me llamaba A MI, ¡EL SEÑOR PEDÍA MI AYUDA! para enviar a los pecadores al infierno, y con ello, ganarme la salvación.

-…no alces la voz, los zombis son sensibles al escándalo, no nos conviene que nos ataquen en un lugar tan estrecho…

-Así que usé mi botella vacía en el cristal de una tienda de artículos para el hogar, me hice con una hacha y salí a la calle a vengar el nombre de dios. Con el tiempo me di cuenta que no podía diferenciar entre personas normales y zombis, así que mataba a todos por igual. Me aburría mucho de estar sólo así que volví a construir bombas…no preguntes…cosas de mi pasado… y coloqué trampas con hilo por todos los lugares de la ciudad en donde yo he pisado.

Entonces la mente de Max revivió aquella lejana noche en que vio a Sandra por última vez. Un sujeto regordete y pesado pisó un cable que salía debajo de un automóvil, a consecuencia, el auto estalló y activó cargas explosivas escondidas en un edificio cercano, dando la oportunidad a los hombres de negro de llevarse a su amiga, pero también de hacer surgir a Alepz de su oscuro escondite. Cuando Max terminó de repasar en su memoria, no pudo evitar preguntar:

-¿…colocas explosivos debajo de los automóviles, o dentro de edificios…?

-¡TODO EL TIEMPO! ¡JAJAJAJA!... ¿porqué? ¿Te has topado con una? Lástima que no te asesinó, podrías estar en el cielo en este momento- Max mantuvo silencio a las palabras de Roquirrim.

Ni un metro de distancia lo separaban entre él y el hombre por cuya locura había perdido a su amiga. Nada le costaba cobrarle su error al pobre hombre. Pero su entrenamiento con los ninjas tepiteños había limpiado en él todo resentimiento. El loco Roquirrim no podría saber lo que había ocasionado, de todas formas, el karma le golpeaba con un precio muy alto: le había quitado la razón.

Roquirrim se detuvo frete a una reja de metal. Busco por la barra que otorga (e impide) acceso y la removió. Al cruzar la reja se encontraron fuera del panteón. El sol de la mañana ya los saludaba desde lo alto. Salieron por un muro de piedra hacia una avenida abandonada. Casi no había criaturas a la vista, sólo más autos abandonados y basura esparcida.

-Bien hijo mío, te he sacado de ese horrible lugar. Ahora eres libre, deberás cuidarte sólo.

En ese momento Roquirrim inició un disparate de discurso sobre tener valor ante las adversidades y mantener una actitud firme ante las nuevas aventuras. Pero Max estaba inquieto. Sentía el peligro en la atmosfera de la avenida, se sentía vigilado. Pidió silencio al sacerdote, pero éste no lo escucho. El instinto ninja (ahora despierto en Max) le advertía insistentemente, hacía unas vibraciones tan fuertes en su pecho que era imposible estar relajado.

-…roquirrim, ¿oyes eso?...-

-Y nunca, ante todo, nunca perder de vista tu objetivo… ¿eh?, ¿de qué ruido hablas?

Entonces el sonido se hizo evidente. Venía de por debajo de la tierra. Max se puso en guardia, no tenía idea de que era lo que sucedía bajo sus píes, pero la intensidad del ruido advertía que pronto sabría la respuesta.

A unos 10 metros de distancia de ellos una grieta en medio del asfalto separaba la tierra. “¡Un terremoto ¡” gritó Roquirrim, pero Max sabía que no era un fenómeno natural lo que estaba pasando, de lo contrario sentiría los consejos de huida que la madre naturaleza no le proporcionaba ahora.

La punta de un vehículo subterráneo surgió del suelo. Una máquina metálica con punta en forma de taladro, con el espacio suficiente en su interior para un ocupante. Extrañamente, no se trataba de las maquinas convencionales usadas por los humanos, ésta era otro tipo de aparato. Aunque en esencia se tratase de un montón de metal los sentidos de Max le contaban que el aparato había sido fabricado con pasión y amor. No era una simple maquina, era un producto de artesanía dada la naturaleza de los adornos con símbolos extraños grabados por todo su cuerpo.

La punta de taladro dejó de girar, y las puertas del vehículo se abrieron. Un humano arropado con un traje negro, zapatos de charol y corbata roja salió caminando de ahí. Max había visto esta figura antes, se trataba de uno de los que había logrado llevarse a Sandra.

-…¡padre! Regrese a su escondite, he visto lo que estos tipos son capaces de hacer, ¡son peligrosos!...-

-NO TEMAS HIJO, ¡LOS VENCERÉ CON MI KUNG FU!-

Pero el hombre de traje negro…no podría ser un humano. Le faltaba media piel del rostro, y en lugar de carne y musculos, había metal y tuercas. Max no perdió detalle de su visión.

-…un cyborg…

-CYBORG? Dices?...¿metal? … tengo una idea.

Roquirrim corrió de regreso al cementerio, el robot no hacía nada más que estar de píe ahí en medio de la antigua avenida enorme. Cuando los pasos de Roquirrim dejaron de escucharse, Max habló al cyborg:

-…sé lo que eres…¿Dónde está alepz?, ¿Dónde está Sandra?

-CggtHHizJJoo…hogar…no más…AL-Z es Alepz, peligro.

Después, sus brazos empezaron a desarmarse y rearmarse ahora en forma de cañones. Dos con halos azules igual al que poseía Alepz en su mano derecha. No tardó en comenzar a usarlos.

Max esquivó los rayos láser, tuvo que olvidarse por un segundo de roquirrim. El temor inundaba a nuestro héroe, él sabía que los Cyborg son resistentes, no tienen “ritmo” y además no se cansan. Son como Zombis pero más hábiles. La impaciencia rondaba a Max.

Continuó esquivando los disparos hasta que logró esconderse tras un auto abandonado, el cyborg por supuesto hizo volar en pedazos el automóvil, lo que dio a Max una sombra de humo por donde poder acercarse al enemigo. Por supuesto, los detectores de calor y los micrófonos a manera de oído súper sensibles del cibernético le dijeron que Max estaba a su derecha y se dirigía amenazadoramente.

Nuestro héroe estaba impaciente por destruir al robot, no pensó que aquel pudiera tener visión termal, así que el cyborg levantó el cañón, afortunadamente Max era más rápido que el humano promedio, por lo que los cálculos de predicción de impacto del robot fallaron y Max logró golpear con su katana el brazo derecho del enemigo. Pero la katana rechazó el corte. El robot es demasiado duro. Max lo entendió al primer impacto así que su siguiente golpe no fue un corte, sólo picó el único ojo funcional del cibernético, y antes de que aquél pudiera golpear en respuesta Max dio un giro hacia atrás para salir del rango de ataque del enemigo.

Ahora ciego, el robot sólo puede usar sus sensores de movimiento y sus “oídos”. Dado el peligro de su enemigo, su programa de auto preservación vio como menos riesgoso atacar toda fuente de sonido.

Así que el cyborg de traje negro comenzó a disparar en todas direcciones, a las cenizas chirriantes del automóvil, a los pasos muertos de un zombi lejano, y a los golpeteos que dejaban los pasos de Max.

Cuando hubo silencio Max tuvo tiempo de pensar, se había escondido tras una banca, pero no era seguro, su propia respiración podría ser escuchada. Necesitaba crear distracciones sonoras con urgencia. Ahí el Karma le dio una mano.

Una lluvia de balas comenzaron a impactar el cuerpo del robot. Irónicamente, a tanta sensibilidad al sonido y a la lluvia incesante del choque de decenas de metales, los sensibles micrófonos del robot no lograban ubicar un solo objetivo. Volvió a disparar a discreción. Si tuviera ojos, vería que disparaba directamente al cielo. Estaba muy descompuesto.

Primero Max pensó que se trataba de Roquirrim, pero después vio que los disparos provenían de otro hombre, un sujeto bastante musculoso con traje militar y un subfusil que descargaba ira al robótico. A su lado un hombre de estatura promedio que le resultaba familiar.

No estaban haciendo daño al cyborg, tampoco sabían de su peligrosidad, tan pronto se terminaran las balas del arma del musculitos aquellas personas podrían morir.

Max corrió al cyborg, estaba dispuesto a cortarle el cuello. Cuando el hombre-ejercito vio a Max dejó de disparar, el cyborg escuchó los pasos de nuestro héroe. Max sólo tenía tiempo para un golpe o moriría.

El cyborg apuntó directo a Max pero un filo pesado y duro calló sobre su cabeza, aparentemente un pico había destrozado el interior del cerebro artificial dejando inválido para siempre al robot. Era Roquirrim con una oz de oro y hoja de diamante.

-Te dije que lo vencería con mi kung fu… ¡ESTA OZ SE LA QUITE A LA ESTATUA DE LA MUERTE DE UNA TUMBA DE NARCOTRAFICANTE JAJAJAJAJA!

El robot cayó al suelo. Se escucharon todos sus discos duros apagándose, sus engranes dejando de girar y la energía de su cuerpo artificial acabandose. Roquirrim está loco, pero a Max le preocupan los otros dos hombres que se acercaban en tono inseguro. El hombre militar era robusto y fuerte, no muy alto en realidad y cabello rasurado. El hombre promedio vestía un traje elegante, un peinado fino con cabello corto y unos lentes de prestigio, era delgado y con cara de persona amable.

-Buenas amiguitos, que alegría encontrar personas vivas. Llevamos días viajando en busca de un refugio u otros sobrevivientes. Permítanme presentarme, mi nombre es Cesar Gibran, antes del caos fui el presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Y aquí mi compañero responde al nombre de Leo, es fuerte como toro y ha sido mi guardaespaldas desde que todo se fue…al…mal.

-…mi nombre es Max y viajo solo, pero Roquirrim puede ofrecerles un refugio

-¿MI POCILGA? ¿AL SEÑOR PRESIDENTE? NO, ¡NUNCA! Viajaré con ustedes.

-…escucha Cesar…- pronunció Max

-¡Señor Cesar naco!- Dijo Leo, el hombre militar, bastante ofendido

-Calma guardita, calma, Max es nuestro amiguito-

-Es un naco-

-…como decía, Cesar…creí que ustedes en el gobierno tendrían alguna idea de que fue lo que pasó, de donde salieron los infectados y quién está detrás de todo…

-Bueno amiguitos, pues, llegamos en cuanto escuchamos su pequeña peleíta, los zombis no suelen hacer ese tipo de ruiditos. Y en cuanto a tus preguntitas, en realidad no puedo responder nadita.

-Putas-

-…¿qué?...

-Putas- repitió Leo - Fue culpa de putas, en presidencia todo estaba bien, alguien dejó entrar mujeres infectadas… y bueno, el presidente y yo logramos salir JAJAJAJA

-AH NO LOS CULPO, YO MISMO CASI COMETO EL GRAVE ERROR...aun tengo curiosidad si te puedes infectar por tener sexo con un zombi-
-JAJAJA ¡VAYA QUE PUEDES! –grito Leo con absoluta confianza sobre lo que decía

-…roquirrim, déjame hablar a mí con cesar y leo…um…verán, he visto robots, zombis, ninjas, sacerdotes depravados sexualmente… y solo quiero una respuesta, una respuesta que no provenga de la violencia, porfavor…

-Ok amiguito Max, me conmueve tu historia y como el presidente del empleo que soy…

-Señor Presidente, el empleo no tiene nada que ver, porque no intenta con ¿Presidente de la honestidad?

-Siii muchitas gracias Leo… como decía, como el presidente de la honestidad que soy, te diré el origen de toda esta maldad….

-…aja…

-Aliencitos

-Aliens

-¿!EXTRATERRESTRES!?

-…extraterrestres?...

-Sipi, extraterrestritos. Los Zombis llegaron de la nada, es una enfermedad que afecta a mamíferos pero se originó en humanitos, ¿no suena a complot? ¿eh?, hay agujeros de exactamente el mismo diámetro por todos lados, los Zombis son un brote de enfermedad pero se dio al mismo tiempo en todo el mundo, obviamente ya notaste a nuestros enemiguitos los robots con tecnología inaudita ¿Qué más puede ser que aliens?

-Excelente discurso señor presidente

-Muchas gracias Leo

-TE EQUIVOCAS, LA EXPLICACIÓN ES MAS SIMPLE: ES UN CASTIGO DE DIOS!

-…¿tengo que elegir entre dios y alienígenas?... ¿en serio?...

Eso dijo la boca de Max, pero su mente comenzaba a atar cabos. ¿Cómo no lo había pensado? Los robots ciertamente no pueden ser tecnología humana, Alepz dijo haber venido de otro lugar, por eso le llamaban “El viajero”; él mismo había caminado por dentro de uno de esos túneles perfectos con Sandra, y ella misma había mencionado que esta enfermedad era peculiar. Extraterrestres…sonaba lógico, Max se rehusaba a creerlo solo por terquedad.

Se oyeron más ruidos anormales, tal vez el robot había llamado a más compañeros, era hora de huir, pero cuando la tierra empezó a temblar, fue obvio que había que escapar.

-MMM ¡MAX CREO QUE VIENEN MAS!

-…huyamos al metro, ahí podremos pensar en algo…

Los cuatro corrieron hacia la entrada del subterráneo (alias: Metro) que estaba cerca de ahí, la tierra comenzaba a abrirse pero lograron entrar por el túnel antes de que algo saliera mal.

Bajaron las escaleras, entraron en el túnel pero curiosamente el lugar no tenía cadáveres. Cuando llegaron a la taquilla, las entradas del túnel dejaron caer sus cortinas. No podían regresar por donde vinieron. Alguien los había encerrado.

Max, Roquirrim, Leo y Cesar se sentían vigilados, y no se equivocaban.

De las bocinas del metro comenzó a salir un sonido, una voz en realidad.

-wzzzzpzzzzztrrrrr …bno, zi, bno, me oien?..no …guey…arkjhja,..itate toshi!!, a ver.. TU, TU, TU Y TU,… CHINGAN A SU PU74 MADREEEEE!!! Jajajajajajajaja!!!!

¿A dónde habría llegado nuestro héroe?


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15 ene 2011

Diario de Max en el fin del mundo de Diciembre 2010


Parece que Many ha decidido que no va a dejarnos sin saber qué pasa con Max y el fin del mundo. Aunque yo no  doy nada por sentado, y menos en este blog; puedo decirles que confío en que no nos quedaremos sin saber la verdad. 


-Max en el fin del mundo-

Diario de Max (algún día) de Diciembre de 2010
(Capítulo 6.4)

Para Many la vida es un gran baile. Me lo dice constantemente mientras me enseña sus extraños pasos de baile-combate.

Ramón, Gabs, Polet y Yola tocan sus instrumentos, Hacen una versión hermosa de “El baile y el Salón” de Café Tacuba. Para ellos esto es una fiesta. Para mí es un reto personal. No puedes destruir Zombis con música, menos con baile. Pero si se trata de un arte de defensa personal ¡venga!

Así pensaba cuando entré al dojo. Many meditaba como acostumbra, seguramente no recordaba que teníamos planeada una pelea para el día de hoy.

Así que entré haciendo un fuerte ruido, mis nervios exigían a mis pulmones mayor oxigeno y éstos a mi nariz una respiración agitada. Pero Many estaba ahí, calmado y confiado.

Se levantó, los músicos notaron aquello pues aumentaron el volumen. Y Many comenzó a moverse con gracia y simplicidad.

Contuve el aliento durante la mitad de un segundo, exhale y comencé mis propios pasos de baile. Esto es una batalla.

Apreté los dientes, gire mis manos por encima de mi cabeza y sentía vibrar mis músculos al sonido de la guitarra de Gabs y el bajo de Ramón, agitaba mis manos con fuerza, mis píes iban de adelante a atrás y mis hombros marcaban el tambor de Polet.

Llegado el momento de la voz de Yola comencé a acercarme a Many. Me acerqué con los brazos defendiendo el rostro, mis pies aún llevaban el ritmo de la canción dando giros sobre mi eje.

Many sólo disfrutaba la canción. Imprudente o provocadoramente me daba la espalda a propósito. Así que lancé una patada alta, pero Many paso por debajo del arco de la rodilla, giró su cuerpo para darme el frente pero antes de pasarme por completo se levantó, haciendo que su hombro empujara mi pierna aun mas alto y arrojándome contra el suelo en un golpe estruendoso que marcó el fin de la canción.

Detesto perder. Debo entrenar más y ser mejor, detesto perder.

Y Many tan tranquilo, para él no hay problema porque claro es fácil ser el mejor, pero ojalá no me subestimara tanto, ojalá me tomara en serio y no se burlara de mi baile.



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17 sept 2010

El Curso de la Historia. Capítulo 1: Las puertas de Marnear


Para cuando el príncipe Miramar hubo atravesado toda la ciudad de Rabr, en occidente poco se sabía de lo que pronto cambiaría la vida de tanta gente. Los largos y estrechos túneles que escondían la ciudad entre las montañas, opondrían tal vez el más grande obstáculo para el cuerpo del príncipe. Esbelto y fornido, Miramar jamás se habría imaginado lo difícil que era salir de la ciudad por lo alto de las montañas.

Tardó más de dos días completos en encontrar por fin las cámaras mortuorias y sus protectores. Ahí, el príncipe Miramar se encontró con Gradún, un miembro de la guardia real que había sido colocado en ese lugar con un solo objetivo; cuidar al príncipe si este deseaba salir por cualquier motivo. Por supuesto Miramar iba decidido, no permitiría que nada ni nadie lo detuviera, fue por eso que cuando Gradún intentó en vano convencerlo de que no abandonara el reino, el príncipe amenazó con hacerlo ejecutar por desobediencia.

Gradún acompañó a Miramar durante su recorrido por las más de 50 grandes cámaras mortuorias hasta que por fin llegaron a las grandes habitaciones de los reyes, en donde los grandes monumentos a los gobernantes de aquel escondido reino, eran erigidos para embellecer un poco las lúgubres cavernas en las que se encontraban. Miramar había estado ahí tan sólo una vez, y de eso hacía ya más de 20 años, cuando era apenas un niño y su padre lo había llevado por fin a conocer el castillo de Laiser. Cuando se hubieron cumplido los 3 días de que el príncipe abandonara la ciudad, este se encontró por fin ante la gran puerta de oro de Marnear; Una gigantesca y hermosa puerta doble de oro puro se alzaba frente a ellos. La luz de las lámparas gigantescas que alumbraban la magníficamente redonda caverna en la que las puertas se levantaban, hacía que el brillante metal amarillo resplandeciera con toda su fuerza, el cuarto era hermoso. La gran puerta, tenía grabada una sola cosa: una gran serpiente con el hocico abierto y la lengua de fuera, los ojos, estaban rellenos con plata, haciendo el aspecto de la gran serpiente aún más imponente.

El príncipe sabía lo que tenía que hacer, y por un momento dudó. Entonces abrió la boca, dejo escapar la lengua bífida y le se dio a si mismo un lenguetazo en la mejilla. En ese momento, una cicatriz apareció en ese mismo lugar, con la perfecta forma de una gran oz. Miramar la toco con la mano derecha y gritó. -Abrid ahora las puertas del reino de Marnear, dejad pues al heredero de la luz mirar el cielo y tocar las nubes. Abrid ahora las puertas del reino de Marnear. -El príncipe enmudeció y cerró los ojos. Sin que el pudiera verlo, sabía que su mejilla resplandecía, y que además lo hacía cada vez con mayor intensidad. Las puertas entonces comenzaron a cambiar. A la gran serpiente le creció de momento una gran capucha sobre la cabeza, era ahora una gran cobra. En la parte más alta de la puerta se grabaron entonces las mismas palabras que el príncipe hubiera pronunciado apenas unos momentos antes. La puerta comenzó a abrirse.

Cuando esta se hubo abierto por completo, el príncipe abandonó por fin el reino de Marnear, para nunca jamás regresar. Tras de él venía Gradún, quien no regresaría a la ciudad de sus padres más que a morir bajo la mano tiránica del rey Uramar. Cuando los dos estuvieron pisando la roca solida de la base de Los 3 Altos, Miramar dio una vez más un lenguetazo a su mejilla y la cicatriz desapareció. Mientras los dos gnomos caminaban a paso acelerado por el sendero, las puertas de Marnear se cerraron tras ellos.

28 ago 2010

La Vida


La Vida.

Se trata de descubrir de donde venimos y a donde vamos, de prosperar, errar y corregir, aprender y mejorar, saber que será de nosotros, en resumen, aprender.

No descubrir es no vivir, no aprender es no vivir; conocer lo que nos rodea, eso si es vivir.

Si no somos pacíficos, moriremos, pero, si en ves de pelear, nos concentramos en ayudar a la madre naturaleza, habremos dado un paso para salvar la Tierra.

De Efraín Chanona Ortiz
(Creative Commons 3.0 México 2010 by THC Foundation)

25 ago 2010

Prólogo: El Curso de la Historia


Día veintiocho del doceavo mes del calendario de las rocas. Año 3490 d.H.

Esa mañana el príncipe Miramar se despertó con el corazón vibrante. Aún sin saber qué es lo que iba a suceder, se dio un baño en la laguna del palacio y se puso su más reluciente túnica, de color dorado y con diamantes decorando los hombros de la misma. Su padre no se encontraba en la ciudad en esos momentos, él y su hermana habían salido a una ceremonia privada en el castillo de Laiser.

El joven príncipe desayunó un exquisito plato de aves al vapor seguido de algunas cabezas de pescado. Después se dispuso a leer hasta que la tarde dictara cuál sería su destino. Él ya lo tenía todo bastante decidido, si las cosas no se ponían de su lado, no dejaría que el dolor o la pena consumieran su ser, no. Él era el heredero al trono más antiguo de todo el mundo, no podía dejar que algo tan sencillo le afectara.

Sentado entre rocas en uno de los salones mejor iluminados del palacio, el príncipe Miramar bebía vino rojo mientras continuaba leyendo. Desde pequeño se le había inculcado el habito de la lectura, conocer al projimo y aprender de la fantasía. Su padre le había enseñado muy cuidadosamente cómo es que en las novelas de ficción, de fantasía, en la épica, en la poesía y en la trajedia; se ocultaban mensajes que podrían haber llevado al hombre a encontrar Marnear desde mucho antes de que se descubriera el lejano imperio del sol. Sin embargo y aún con todo el esfuerzo, el príncipe no había logrado encontrar gran cosa en la lectura durante su vida. Tal vez fue por eso que su padre lo envió a conocer el país de Rubarétrári.

Fue ahí en Rubarétrári que Miramar conoció a Éguna, la hija menor del rey. Aunque los primeros años en los que Miramar se encontró en el palacio, ellos apenas se dieron la mano alguna vez, al final de la estancia del príncipe en el lejano país, los dos comenzaron a llevarse muy bien, al final; Miramar se enamoró profundamente de la futura princesa. Miramar sabía que ella también lo amaba, y mucho, pero él la había dejado lejos y eso podría haberla molestado al punto de olvidar los sentimientos, de olvidar los buenos momentos y sobre todo ese profundo amor. Los más recientes rumores que llegaban a Murlock decían que la ya ahora princesa Éguna estaba comprometida con el mayor general del ejercito del sur.

Eso fue lo que impulsó a Miramar a enviar aquella carta a Rubarétrári, suplicando a la princesa que le diera una nueva oportunidad, que le permitiera dejar de ser su hermano para convertirse en su amante, en su príncipe, juntos ser rey y reina algún día. Mucho había esperado Miramar para recibir la carta que hoy debía estar en camino hacia el trono y que pronto, él tendría en sus manos. Si las cosas salían bien, tan pronto como el rey regresara, Miramar saldría corriendo al sur para encontrarse con su amada.

El día continuó para el pesar del príncipe, sin mucha diferencia a los demás. No hubo noticias de la carta en todo el día. Miramar comenzó a perder la esperanza y pronto comenzó incluso a enojarse. Algo se conocía del príncipe de Marnear y esto es que nunca debías hacerlo enojar. Enloquecido el príncipe subió a sus aposentos y destruyo la cama y las cortinas, maldijo la luz de la tierra desde su ventana y vencido de cansancio por sus destrozos se echó en la roca a llorar. Gimiendo y retorciéndose, el príncipe incluso llegó a cambiar de forma aún para su corta edad. Al final se quedó dormido. En sueños la vio, la abrazó... sujetó su mano. De haber sabido que era la última vez que lo haría, lo habría disfrutado más... tal vez incluso, no debería nunca de haber despertado... nos hubiera salvado a todos.

Al despertar el día siguiente, el príncipe estaba dolorido por la noche sobre la roca deforme. La luz de la tierra asomaba ya por la ventana y al no ver señal alguna de la carta respuesta, el príncipe aprovechó la oportunidad para maldecirla otra vez. Después de pensarlo un momento, nunca lo suficiente, el príncipe hizo una maleta. Apenas provista de lo necesario para pasar algunos días fuera del palacio, ya no decir para salir de la ciudad o de la tierra en la que había crecido. Con el corazón en las manos y con la lengua bífida acompañando sus maldiciones, el príncipe abandonó el palacio. De haber sabido todo el mal que iba a causar, tal vez no lo habría hecho. Eso nadie lo sabe.

Ahí va el príncipe Miramar de Marnear y Rábr. Ahí va buscando el amor, sin saber que sólo encontrara algo peor que la muerte, sin saber que será responsable de tanta pena.


El curso de la historia comenzará a publicarse a partir del 15 de septiembre cada 15 días.

5 ago 2010

Diario de Max del 20 de Junio de 2010



-Max en el fin del mundo-

Diario de Max del 20 de Junio de 2010
(Capítulo 6.3)

¡Lo he conseguido! Por fin tuve una revelación mientras meditábamos. Ha sido sorprendente, no tenía idea que mi mente pudiera hacer algo así. Estábamos en el salón de meditación haciendo lo de costumbre, piernas en posición de flor de loto y manejando la respiración a pausas moderadas, cuando mi mente comenzó a viajar frente a mí. Al principio venían imágenes raras, después todo se calmó, tal como había dicho Many “es como cuando quieres ver el fondo de un estanque, lo que haces es estar tranquilo esperando que el agua se calme”. En mi visión vi a Alepz meditando también. Estaba en lugar oscuro, macabro y antiguo. También vi a Sandra, suspendida en el aire, como congelada, inmóvil. Es todo lo que logré ver, no debió durar mucho. Pero de algún modo Many se dio cuenta, cuando abrí los ojos él estaba mirándome fijamente, examinándome profundamente. Después me sonrió y dijo “estás listo, mañana comienza tu entrenamiento” ¡Genial!, ahora sí seré un ninja, aprenderé a matar y seré el mejor destrozando Zombis…

Hablando de eso. Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí. La última vez que estuve fuera fue cuando me despedí de Zael después de verlo despertar y que Many le explicara que yo debía estar bajo la tutela de los tepiteños. Luego caminamos por calles desérticas y llegamos a esta gran mansión de enorme jardín trasero. Ahora que lo pienso, no recuerdo haber visto mucha seguridad. No había muros ni rejas, trampas o algo más para contener a los Zombis. Ya no me acordaba que estamos en medio de una catástrofe. Aún hay mucho que debo saber de estos ninjas.

Como quiera que sea, estoy muy emocionado, mañana comienzo a prepararme para salvar a mi amiga.

3 ago 2010

Diario de Max del 12 de Junio de 2010



-Max en el fin del mundo-

Diario de Max del 12 de Junio de 2010
(Capítulo 6.2)

Empiezo a sentirme confundido. Many ha pasado los últimos dos días haciéndome preguntas extrañas “¿Qué es lo que más temes?” “¿Porqué las aves no hacen su nido en el agua?” y otro tipo de preguntas así medio confusas. No hemos empezado el entrenamiento, no he hecho nada de ejercicio. Aquí, en el templo de Many (que es una casa grande con pocos muebles, mucha naturaleza y adornos simbólicos) paso las horas limpiando, cortando algunas plantas, barriendo y arrastrando un cepillo enorme en una especie de jardín de arena. De hecho pasó algo raro ahí: Se supone que la arena debe quedar plana en todo el cajón, pero con el viento y la humedad del aire la arena se acumula en ciertos rincones, creando pequeñas acumulaciones sólidas que deben ser golpeadas con fuerza para que se aplasten. Yo hacía eso cuando Polet me vio. Yo estaba luchando con fuerza contra los pequeños montículos de arena acumulada y ella se acercó para mostrarme que pueden deshacerse con movimientos suaves y tranquilos “no requieres violencia si tu objetivo verdaderamente es disolver el problema” ha dicho, y después se fue. Todos hablan así de extraño en este lugar. Me pasó igual con Ramón. Él es un músico excelente. Un día lo vi practicando su guitarra en el salón de meditación, era una canción hermosa. Me acerqué y le dije “tocas muy bien” y él me contestó “En realidad la guitarra me toca a mí. Tienes que entender que somos vehículos de voluntad, nosotros somos medios en que se mueve el deseo de la guitarra de hacer música. Si hago caso a la voluntad de la guitarra, entonces nunca dejará de sonar no importa que me pase, por ejemplo, si pierdo una de mis manos, ella hallará el modo de usar mi píe para seguir sonando. A lo mejor ahora no lo entiendes, pero después se volverá claro. Con el tiempo vas a entender que así es como las personas podemos conseguir grandes cosas, dándonos cuenta que somos un medio entre un origen y un fin, nada más. Eso está bien chido porque así te mantienes centrado en tu objetivo, te haces humilde y además lograrás resolver problemas. ¡Jajaja! Creo que te dije demasiado”.

Y tal vez tuvo razón, no entendí mucho de lo que decía. Me cuesta mucho comprender el motivo de sus “consejos” y las tareas que me ponen a hacer.

Fuera de eso, lo único que Many me ha enseñado (porque ni siquiera él me enseño a cocinar, eso lo hizo Yola; tampoco me enseñó a limpiar, ese fue Gabs) ha sido a meditar, o al menos eso intenta. Por ahora me pide que cierre los ojos mientras tengo las piernas en posición de Loto. Pero no sé exactamente que debo pensar o que debo de recordar mientras lo hago.

Temo que nada de esto tenga utilidad para salvar a mi amiga. Además, Many se rehusó a explicarme eso de sus profecías. Tampoco ha querido decirme cómo es que sabe de la existencia de Alepz y de Sandra.

21 jul 2010

Diario de Max del 10 de Junio de 2010



-Max en el fin del mundo-


Diario de Max del 10 de Junio de 2010
(Capítulo 6.1)

No sé cómo empezar esto. Es extraño. La primera orden de Many fue que yo debía llevar un diario, no veo como hacerlo me convertirá en una sombra asesina como sus compañeros. Hablando de eso, no tenía idea de que fueran tantos. Aquellos dos que vi el día que salvaron el Imperio de Zael, es decir, a Gabs y Ramón, no eran todos y tal vez, ni los mejores estudiantes de Many. Ayer, cuando llegué aquí, conocí al resto de los ninjas. Son chicas, no lo hubiera imaginado. La más bella de ellas tiene por nombre Polet, es muy dedicada a las artes marciales y una excelente cocinera, sus enchiladas son las mejores aunque a veces no sé muy bien de que me habla. Después está Yola, es de carácter fuerte, pero en realidad, es una persona muy noble que sabe defenderse. Y Clau… bueno, ella es como una madre para todos, se preocupa por cada uno y es muy atenta y risueña. Me siento extraño de estar aquí, todos son muy buenos en lo que hacen y yo apenas soy un aprendiz. Me hubiera gustado quedarme con Zael, después de que me perdonó creí que todo sería como el plan original de Alepz y yo viviría con Zael hasta que lograra rescatar a mi amiga. Pero Many exigió a Zael que yo viniera a Tepito a entrenar con los monjes budistas ortodoxos de la santísima muerte, y como Zael estaba en deuda por haberle salvado el Imperio, pues tuvo que ceder. Esa despedida fue extraña, el rey del imperio lagunillero estaba agradecido, pero me miraba como tratando de leer mi mente y adivinar que más sabía yo sobre Sandra, supongo que nunca lo adivinó, aun cuando caminaba por el narco túnel hacía Tepito, sentía la mirada pesada de Zael. En fin, supongo que hago esto más por mi amiga que por él; de verdad espero que si las cosas que dice Many son reales, yo pueda ir a cumplir la misión que (según las profecías de estos ninjas) Alepz no podrá lograr…

13 jul 2010

Max en el fin del Mundo - Capítulo 6


Max en el fin del mundo, es una historia de ficción narrada principalmente en tercera persona, que narra como Max, despertó un día, sin recordar nada a un lado de la carretera. Pronto descubrirá como ya nada es lo mismo y como deberá confiar en personas que jamás ha visto en su vida.


El archivo original en formato de Microsoft Word, puede descargarse desde aquí


-Max en el fin del Mundo-

Capítulo 6: Héroes Asiáticos

“Un día se encontró con el señor de la guerrero
afamado bailarín que no estaba nada feo
no cantaba mal las rancheras y con los puños muy hábil era.

Al ver la conveniencia la Lagunilla
el señorío de la guerrero
y algún otro reino
formaron la triple alianza
que temida fue por toda la raza”

Café Tacvba – El Tlatoani del barrio-


8 de Junio de 2010

En la cima del estadio Max contemplaba la batalla. Los soldado-futbolistas tomaban posiciones y repelían la asquerosa cantidad de Zombis que entraba al Imperio como río de aguas negras desbordado. Para ello usaban sus lanzas de escoba picando la cabeza de cada bicho que pisaba al interior de la Lagunilla. Aproximadamente eran unos cincuenta hombres matando infectados. La muralla que había sido derribada daba a un pasillo largo y delgado que conectaba directamente con el resto de la ciudad Lagunillera. Dicho pasillo por donde marchaban los Zombis estaba perfectamente rodeado por los techos de casas y vecindades a la cercanía.

-¡Maten al Masiosare! –Gritaban los soldados para levantar los ánimos.

-¡Masiosare un extraño enemigooo, profanar con su planta tu sueeeelo!- Cantaban otros soldados a coro, también para motivarse.

Al principio parecía ser una situación controlada. Los soldados picaban cabezas una a una. Sin embargo, Conforme el flujo de Zombis crecía, las murallas cedían terreo permitiendo que la cantidad de monstruos hacia el interior de la ciudad aumentara exponencialmente. Zael estaba desde la azotea de su HOTEL GARAGE, dando instrucciones con gritos de voz viva. Su megáfono no funcionaba.

-¡Hacia atrás!, ¡Échense para atrás!- Algún comandante gritaba desde la parte trasera de las filas.

Los soldados tuvieron que hacerlo, sus picas no eran lo suficientemente rápidas para despachar a los cientos (tal vez miles) de invasores. Los soldados cedieron terreno entonces y caminaron hacia atrás. El pasillo quedó libre para los Zombis.

Pero en los techos de las casas cercanas aparecieron otro tipo de soldados. “Chuteadores”, eran los encargados de patear balones preparados como bombas cóctel molotov. Vestían otro tipo de uniforme, traían ropa y equipo de bombero (esos que apagaban incendios… irónico). Y algún asistente le prendía fuego a los balones y los dejaba en el suelo, listos para que los chuteadores comenzaran su ataque.

Estos soldados comenzaron la descarga continua de balonazos a los Zombis. Las pelotas cubiertos en llamas estallaban en furia ígnea cuando impactaban su objetivo. Los infectados estaban recibiendo descargas continuas de flamas. El fuego era muy efectivo. Con su paso lento y firme, los Zombis son demasiado vulnerables a este elemento, ya que el señor infierno no perdona y quema con velocidad todo lo que cae en sus manos. La marcha de infectados comenzaba a llenarse de chamuscados. Los soldados formaron una barrera con escudos anti-motín (unos que usaba el equipo SWAT para repeler ciudadanos pacíficos) al final del pasillo por si acaso el fuego no alcanzaba a terminar con el desfile.

Afortunadamente no fue necesario usarlos. Las llamas tardaban un poco en hacer efecto, pero después de unos minutos habían terminado el andar de la mayoría de Zombis en el pasillo. Todos creían que bastaría con las acciones de los chuteadores para sobrevivir a la invasión.

Sin embargo, el flujo de monstruos no cesaba. De la fisura en las murallas continuaban emanando bichos y poco tiempo después fue claro que el fuego no bastaba para contenerlos. Los chuteadores comenzarían su segunda descarga sabiendo de ante mano que si no ocurría algún cambio drástico la ciudad sería tomada.

En ese momento el Rey Zael frunció el ceño y dio una nueva orden. Señaló hacia el estadio y asintió con la cabeza. En la cima de la construcción, a unos cuantos pasos de Max se encontraba una antorcha improvisada. Se traba de un gran nido de madera, del tamaño de un vehículo convencional. Ya casi se ocultaba el sol, las llamas serían visibles a la distancia.

Algún asistente le prendió fuego. La antorcha sería visible en los lugares no tan cercanos, dado el tamaño de la flama.

Después, unas casas más lejos del estadio, otra llama se prendió desde el techo de una casa. Mas lejos en la distancia, otra llama nació de otro tejado; era claro que se trataba de un método de comunicación a distancia. Max no podía contener la curiosidad, se acercó al asistente de la antorcha, un hombre viejo.

-…¿Qué sucede?, ¿Para qué son la antorchas?

-¡Eh!, ¿qué no eres tu el prisionero?, ¡Bah! No importa…ahora mismo hay cosas más importantes, sería bueno que bajaras a ayudar, tal vez te perdonen la vida si colaboras…necesitamos toda la ayuda posible… estas señales de fuego son para pedir socorro a nuestros hermanos de los barrios que también han sobrevivido…de hecho, estamos pidiendo ayuda al barrio de Tepito.

No hubo palabra más que decir. Max también creía que ayudar en la invasión le conseguiría el perdón de Zael. Corrió entonces hacía abajo, saltaba los escalones de dos en dos y alzaba los brazos para hacer equilibrio. Una vez de nuevo al nivel del piso, se dirigió hacia las calles que ya estaban abandonadas por la gente común. Ya era de noche, la oscuridad cobijaba al imperio y sin energía eléctrica los soldados usaban antorchas para iluminar su camino. Max podía pasar desapercibido, caminó pegado a las afueras del estadio para no ser visto.

-¡Hey, el prisionero se escapa!- Gritó un soldado que pasaba por ahí, afortunadamente sólo otros tres le hicieron caso, los demás siguieron su paso hacia la fisura en la muralla.

Instintivamente Max huyó. Corrió en dirección opuesta por las paredes exteriores del estadio con los pasos de los soldados a sus espaldas. Escogió cruzar una pequeña calle y saltar sobre unas cajas vacías de fruta. Dentro del estrecho pasillo giró en la primera esquina que encontró y luego se adentró por una antigua vecindad aparentemente abandonada. Los soldados habían dejado de seguirlo en algún momento.

Hubiese sido una noche exquisita. La luna tenía buen tamaño y pese a la misteriosa falla eléctrica que tenía a oscuras la ciudad, había suficiente iluminación. Estaba en la mitad de la plaza principal del conjunto de apartamentos (vecindad). A lo lejos se escuchaba el eco de la batalla, los gritos, las miles de pisadas del ejército Zombi y las flamas devorando todo. Max recordó otra enseñanza de su amigo Alepz: “El fuego limpia, pero no discrimina”. Ello quería decir que el aliado rojo es un arma de doble filo, poco recomendable de hecho. Aún si lograran detener el oleaje de infectados, el fuego se volvería en su contra y probablemente terminara siendo una amenaza más para el propio Imperio.

La huida lo había desorientado. Max no sabía el lugar en que se encontraba, ¿aun estaba dentro de los límites del Imperio o había salido de ellos? Pero su intención noble de ayudar le hizo caminar en dirección de los sonidos de lucha. Salió por una puerta hacia las calles desérticas. Caminó hacia donde escuchaba los ruidos y contempló una enorme muralla de muebles. Ese es un límite del imperio, falta saber de qué lado estaba él.

A juzgar por el abandono de las casas circundantes, estaría fuera del imperio. Pero la poca suciedad de la calle y la falta de Zombis errantes le hizo entender que estaba dentro de los límites, sólo que se encontraba en una parte de la muralla que aun no había sido derribada. Así que dio media vuelta y regresó por donde venía para encontrar un nuevo camino que lo llevase a la batalla.

Pero una explosión cercana lo aturdió. La luz de una bola de fuego cubrió la cercanía. Había ocurrido cerca. Escuchó muchos gritos y ruido de cosas derrumbándose, “el fuego” adivinó Max y no se equivocaba.

De un edificio alto que estaba a unos metros de distancia, por las escaleras de emergencia descubrió con su visión que el Rey Zael bajaba con ansia seguido de uno de sus guardias policías (el más torpe de los dos). Max decidió buscar un lugar hacia donde esconderse, pero otra explosión ocurrió, esta vez lo tiró al suelo. El origen de la explosión fue en la cima del edificio desde el cual escapaba Zael, parecía tratarse de la parte posterior del HOTEL GARAGE

Cuando Max recuperó el sentido y se levantó, vio que las escaleras donde el Rey venía bajando ya no estaban, se habían desprendido del muro y en su lugar, Zael colgaba de un tubo sostenido únicamente por sus manos. En la calle había ladrillos, escombros, tubos retorcidos y basura. Max corrió para ayudar “¡No te sueltes!” gritó con fuerza hacia Zael esperando que sus palabras se volviesen realidad. El rey se aferraba con esmero pero sus manos cedieron y dejaron caer su cuerpo por unos 7 metros de caída libre hacía el suelo desnudo. Max no dudó en auxiliarle.

-…¡Zael! ¡Contéstame!- Nuestro héroe corrió hasta el cuerpo del rey, lo volteó boca arriba y se sentó a su lado -¿¡Que ha ocurrido!?

-…el fuego se volvió incontrolable, y los Zombis no dejan de venir… uno de los balones golpeo el boiler de mi hotel…- Zael había caído sobre su pierna izquierda, no la podía mover y le era imposible ponerse de píe. Su rostro mostraba fatiga y dolor profundo – Max…déjame morir aquí…sin Sandra no tiene sentido salvarme… mi imperio no verá un nuevo día... se acabó…los zombis han entrado, los chuteadores no pudieron contra ellos, mis soldado-futbolistas morirán en garras de la infección…

-…te equivocas Zael, no todo está perdido. Sandra vive, nos separamos, pero estoy seguro que ella puede arreglárselas sola – Max mintió por supuesto, no podía decirle que ella en realidad era prisionera de quien sabe quien en quien sabe donde- No puedes morir, tu pueblo te necesita.

De las calles cercanas comenzaron a salir en huida varios soldados-futbolistas, corrían en desesperación dejando tras de ellos la esperanza de salvar el imperio y montones … montones de infectados. Lo que decía Zael era cierto, el imperio ya estaba siendo invadido. En su lento caminar, los podridos se acercaban amenazadoramente hacía el corazón de la ciudad sin que nadie pudiera detenerles. Este es el poder de una horda, una masa infinita de Zombis.

-Max…deja que me coman. El capitán se hunde con su barco.

-…lo siento Zael, tengo intenciones de que Sandra pueda volver a verte.

Entonces, ahí con el corazón en llamas, Max pasó su brazo izquierdo por debajo de las destrozadas piernas de Zael, y el brazo derecho por la espalda del herido. Con el rey en sus brazos, Max comenzó a andar lo más rápido que pudo. Por supuesto que no podría correr, no era tan fuerte, pero no se permitiría dejar que los Zombis devoraran a su amigo. Los infectados caminaban lento y cerca de ellos.

Max se dirigía hacia una calle elegida aleatoriamente con la esperanza de que no hubiera Zombis en ella. Pero la suerte no les favoreció. De ella surgieron gritos de lamento y de la oscuridad brotaron humanoides con hambre de carne. Max dio la vuelta pero descubrió con angustia que estaba rodeado por Zombis, todo un enjambre de ellos… las palabras de Alepz regresaron a su mente “Si te rodean date por muerto”.

Así que Max dejó a su amigo en el piso y se puso en pose de batalla. Pelearía hasta la muerta contra todos los Zombis que pudiera, daría su vida por defender al Rey.

Zael por supuesto observó todo, su mente no concebía que alguien a quien hace unas horas había intentado matar ahora estuviera ahí defendiéndole con la vida.

Los bichos estaban cada vez más cerca, tan sólo a unos pasos. Max apretó los dientes y los puños, esperando el momento para actuar.

Del aire, sin saber exactamente de donde, un silbido cruzó por encima de su cabeza. Max se distrajo por un momento, levantó la mirada y vio proyectiles que surgían quien sabe de dónde y se incrustaban en el cráneo de un montón de Zombis. No se trataba de balas…en realidad, parecían más bien cuchillos voladores. Pero cuando unos diez zombis cayeron muertos al suelo, Max vio que en realidad, esos proyectiles eran…¿estrellas de metal?

De los tejados circundantes saltaron 4 sombras. Cuatro figuras humanas enfundadas de negro que no serían visibles en la noche de no ser por la exagerada cantidad de movimientos que realizaban mientras caían al suelo. En el aire, estas figuras lanzaron otra ronda de estrellas y lograron terminar la vida de otro puñado de Zombis.

Dos de estas sombras aterrizaron justo al lado de Max, entre Zael y él. Los otros allá, detrás del montón de infectados.

Max los miraba sin saber cómo reaccionar, nada lo había preparado para la visita de lo que instintivamente reconoció como “ayuda”. Las figuras que estaban a su lado hicieron un movimiento de manos y aparecieron de la nada otro puño de estrellas metálicas, realizaron otro movimiento de manos y de algún modo, las estrellas salieron disparadas hacia el cráneo de otros diez Zombis. ¿Cómo lo hacían? Era impresionante, la puntería de estos extraños era envidiable. Repitieron el movimiento un par de veces más, y cuando (aparentemente) se agotaron las estrellas, cada uno de ellos apareció un arma de sus manos.

El sujeto a la derecha de Max tenía los píes vendados, pantalón ajustado en los talones pero estrecho en las piernas y una camisa de tela gruesa y mangas largas, amarrada en forma diagonal y ajustada al tronco. Ambas prendas de color negro. Sobre la cara una máscara de tela que cubría todo excepto los ojos. Su arma fue un par de chacos, uno para cada mano. Este sujeto comenzó una serie de movimientos alucinantes con ellos, los giraba y al mismo tiempo los movía de arriba abajo, usándolos con total maestría.

El que estaba a la izquierda de Max tenía la misma complexión que el otro sujeto (no eran muy altos en realidad, de hecho un poco panzoncitos). Éste tenía la misma vestimenta en los pies, pero su camisa carecía de mangas. En los brazos un montón de tatuajes. Y en el rostro no portaba una máscara, sólo un paliacate que le cubría de la nariz para abajo y de su cabello surgía una poderosa melena de dreads (o rastas como le decían algunos). El arma que apareció fue un palo de bamboo cubierto con vendas y algún otro adorno colgante a lo largo del palo.

Cuando tuvieron las armas firmes sobre sus manos, se lanzaron al ataque. Fue bestial, anormal e inhumano. El hombre de los chacos destajaba cráneos, fracturaba huesos, rompía mandíbulas y tronaba rodillas en segundos, giraba sobre sí mismo y sus manos daban giros independientes, los chacos danzaban en armonía asesina en un torbellino rompedor. El otro sujeto realizaba saltos extraños en los que su tronco se inclinaba, golpeando a los Zombis con los talones, en patadas de revés y golpes de codos. De pronto empezó a usar su bamboo y lo giraba como si se tratase de algo fácil de realizar, giraba el palo con una sola mano haciéndolo parecer un ventilador, golpeando más y más infectados que poco (más bien nada) podían hacer por defenderse.

Lo maravilloso de estos sujetos es que ellos solos habían logrado lo que un ejercito de soldados-futbolistas no habían podido. Al cabo de unos segundos de acción extrema, el grupo de bichos que había rodeado a Max y Zael se hallaba licuado sobre el piso. Fue el momento para un respiro. Los sujetos guardaron sus armas tras su espalda y caminaron lentamente hacia Max y Zael.

-Que onda carnal, we ps nosotros nos llevamos al cuate ese- Dijo el hombre que traía rastas sobre la cabeza y señaló con las manos a Zael.

-…¿Quiénes son ustedes?- Dijo Max entre el miedo y la impresión.

-Ah ps somos los n…-

El hombre del cabello exótico no pudo terminar, otro monton de Zombis salieron de los pasillos pero esta vez traían a un invitado especial.

Como si se tratasen de hojas secas, una criatura enorme se abría paso entre la nueva oleada de infectados. Un Zombi más grande de lo habitual, anormalmente robusto y musculoso salía del mar podrido. Media unos 2.10 metros de altura, su espalda era del tamaño de dos espaldas de hombre común unidas, sus brazos eran más grandes que la cabeza de Max y sus piernas del grosor de un tronco de árbol. Y su cara, fea…como niño mutante.

Los hombres de negro corrieron hacia él. El primero lo golpeó con sus chacos en la cara y en las piernas, pero el mega-zombi no sintió ni se rompió nada, demasiada carne le protegía. Alzó su enorme brazo y lo dejo caer sobre el hombre de los chacos, quien afortunadamente giró para escapar del impacto. El otro héroe oscuro aprovechó la distracción para golpear 3 veces al monstruo con su palo-bamboo, pero sucedió lo mismo que con los chacos, la carne del hombresote era demasiado espesa y aun estaba unida. Los hombres de negro continuaban golpeándole, pero el bichote ese sólo respondía con los golpes y la batalla no llegaba a ningún punto.

-…¡Es un Zombi fresco!, ¡A golpes no lo podrán derrotar!- Gritó Max esperanzo ayudar a sus nuevos amiguitos.

El hombre de las rastas miró a Max y levantó una ceja, probablemente queriendo decir “¿a quién intentas darle una lección chico?”. Pero una voz se levantó desde lo alto de un tejado.

-¡Washoku!, ¡El moco tiene razón, necesitan otra cosa para vencerlo!

Max alzó su vista. En la esquina del HOTEL GARAGE, una figura había estado observando, casi evaluando la evolución de la batalla. Era un hombre alto, con proporción simétrica entre hombros, tronco y musculatura. Tenía los brazos cruzados, igual vestía por completo de negro, pero las mangas largas de su camisa estaban recogidas hasta la altura del codo. Su cabeza se cubría también por completo, pero en la frente tenía amarrado un largo listón negro que ondulaba con el viento. A su espalda, las llamas del HOTEL GARAGE le iluminaban de manera épica. Y más a lo alto, la luna llena le hacía parecer inmortal.

-¿¡We ps que hacemos!?- Gritó el hombre de las rastas

-¡ Chirashizushi!, ¡Déjenmelo a mí!- Contestó el hombre épico.

Los hombres de abajo se apartaron del bichote. Guardaron sus armas y dieron unos pasos para atrás. El hombre en el techo del HOTEL GARAGE levanto lentamente sus brazos y dejó ver sus armas: un par de machetes. Luego, con los brazos bien en alto, se dejó caer como clavadista de Acapulco. Pero aterrizó en el suelo con total elegancia, con una rodilla tocando el suelo y sin haberse lastimado ni roto nada (cayó cerca de 15 metros). Después, se puso de píe, la cinta de su cabeza aun ondeaba. Colocó unos audífonos en sus oídos y corrió hacia el Zombi enorme.

El monstruo recogió su brazo derecho, preparándose para dar un golpe. El hombre de la banda saltó con un brazo hacía el frente y el otro recogido por detrás de la cabeza. Cuando cruzaron sus caminos, el hombre de negro hizo un movimiento con sus manos, cortó primero con el machete izquierdo, después remató con el derecho. El brazo del mega zombi cayó inmóvil al asfalto.

Por supuesto, el gran bichote no se detendría por algo así, por lo que balanceó su enorme cuerpo contra el atractivo hombre de la banda, pero todos sus golpes fueron esquivados con un montón de giros extraños.

Max miraba extrañado, si bien el talento natural del hombre sexy era envidiable, su forma de mover los pies, la cadera y de girar el cuerpo con perfecta simetría era…extraño (por no decir perturbador). Simplemente, parecía que el hombre de los machetes bailaba alrededor del enorme monstruo.

Y mientras bailaba dando giros y pasos de revés, quiebres laterales, pasos abiertos y un Passe d’auriol, acertaba cortes de machete a lo largo del cuerpo del Zombi. Al cabo de unos cuantos pasos, el monstruo estaba demasiado cortado, heridas demasiado profundas que cortaban los musculos y otros órganos, imposibilitando por completo el movimiento del Zombi que ahora se encontraba arrodillado y tratando de moverse para golpear algo.

El héroe de la banda dejó de bailar. Se acercó al enorme monstruo y le corto la cabeza con extrema facilidad. Esos machetes estaban muy afilados.

Pero haber terminado por fin con el enorme no aseguraba la victoria. Ahora venia la nueva oleada de Zombis. Pero el de los pasos maestros no se intimidó ni cedió lugar. Se dejó absorber por la oleada y comenzó a cortar sin discriminación a todo bicho que se acercaba.

Movimientos de talón y punta se convertían en cortes de cabeza asegurados. Vueltas sobre el propio eje cortaban cabezas con suavidad. Y después de unos segundos… la invasión había sido detenida.

Cuando el hombre de la banda se detuvo. Cuando no hubo más Zombis a la vista. El hombre de las rastas preguntó: “¿Dónde están las demás?” Y el hombre de los machetes respondió “Terminando con las otras oleadas.”

Max estaba aturdido por todo lo sucedido. Ni Alepz había terminado con la vida de tantos Zombis al mismo tiempo.

El hombre de la banda se acerco a Zael y Max. Puso poca antención en Zael en realidad. Su vista se enfocaba en Max, a quien repasó con la mirada de arriba abajo.

-¿Cuál es tu nombre?- Preguntó

-…soy Max…

-Lo que dijiste sobre carne fresca, ¿dónde lo aprendiste?

-…me lo dijo un amigo…alguien a quien le dicen el viajero…

Los hombres de traje oscuro hicieron una exclamación de sorpresa. El hombre de las rastas, que estaba levantando a Zael del suelo, dijo “¿ES… él?”. El rey por su parte comenzaba a perder el conocimiento, sus ojos miraban sin poder enfocar y sólo dijo “son…héroes…héroes asiáticos”.

-Max...- Dijo con calma el hombre de la banda- permíteme presentarme. Mi nombre es Many, soy el líder del Clan de los Ninjas Tepiteños. Ellos son Ramón (hombre de las rastas) y el es Gabs (hombre de los chacos). Y creo que tenemos mucho que hablar.

-…¿de qué tenemos que hablar?...-

-Tenemos que hacer una prueba- Dijo Many, y cuando terminó de hablar, Gabs tomó a Max con fuerza impidiéndole moverse. Ramón trajo el brazo de un Zombi recién cortado.

-…¿¡Qué hacen!?- Gritó Max con profunda confusión.

Many se acercó a Max, y con un pequeño cuchillo aparecido mágicamente, le cortó el antebrazo izquierdo. Luego, tomó el brazo infectado Zombi y lo exprimió por la parte arrancada, dejando salir un poco de la conocida sangre negra.

-…¡NO, NO, ESPEREN!- Max se agitaba con fuerza temiendo por su vida.

Pero sin importar los brucos movimientos de Max, su fuerza no bastaba para safarse de los brazos de Gabs… y la sangre infectada ( y el virus) entraron en la pequeña herida de nuestro héroe. Cuando eso pasó, lo soltaron.

-Denle un poco de tiempo- Dijo Many. Y Gabs dio unos pasos para atrás. Ramón aun tenía a Zael en brazos, quien en algún momento había perdido el conocimiento.

Max estaba de pie. No sabía qué hacer. No sabía si correr o atacar a los ninjas tepiteños. Deseaba con todas sus fuerzas que el virus se transmitiera sólo por saliva y no por sangre…aunque eso fuera completamente ilógico.

-¡MIREN!- Gritó Ramón.

Max miró su herida. Lentamente comenzaba a cerrarse y la sangre negra que había entrado en contacto con la de Max comenzaba a volverse roja también. Cuando la herida había cerrado por completo, a una velocidad completamente anormal. Many habló:

-Verás Max, somos hombres de mucha fe, somos budistas ortodoxos de la santísima muerte, y…de acuerdo a una vieja profecía, tú…eres…el elegido. Serás quien traiga paz de nuevo al mundo. Lo que acabamos de presenciar no fue un milagro, fue la voluntad de nuestra señora y ahora hemos de hacer caso a su enmienda.

-…¿qué me van a hacer?...

-Voy a entrenarte, a darte todo mi conocimiento y dejarte listo para que partas en tu viaje. Eres inmune al virus, eres el único que puede sobrevivir allá afuera, pero necesitas habilidades para que no te despellejen vivo. Vendrás con nosotros, te unirás a nuestro clan y salvaras al mundo. Para ello, deberás aprender la última técnica de batalla…

-…¿de qué hablas?...-

-Hablo del poder del baile. Hablo del poder de la guaracha.