Cirila, otra vez ya hace casi un año que no te escribo. No es pretexto pero es que ha pasado mucho... mucho, mucho.
Que raro ¿no? Hoy que pasé un susto tan grande es el día que ya tenía planeado y re-planeado venir a escribirte otra vez. En fin... tembló Cirila, y me tocó estar en un piso 10... me espanté mucho. Ya sabes que no porque me fuera a pasar algo, sino porque, como con las arañas, a los temblores les tengo un pánico inexplicable que casi me deja tieso. Todo bien, con todos.
En fin... estoy revisando la última vez que te escribí, once de marzo. Pero haciendo memoria, ese post lo escribí aproximadamente el día primero o dos de marzo también. Lo sé porque recuerdo haberlo escrito en mi primitiva instalación de computadora cuando recién llegué a esta casa, no tenía internet así que la escribí en un bloc de notas, y me la llevé a un café internet. No la publiqué hasta el día once.
Es por eso que en ese escrito, no hay contenido acerca de aquel que aún se cuenta como el día y noche más tristes de mi vida. Y que bueno, porque te habría llenado de pesar leer lo que tenía que decir en aquel tiempo. Hoy todo está finalizado, Cirila. Aquello que tú sabes mejor que nadie, se terminó. Repito, que bueno que no escribí nada de ese día, no debe haber recuerdos de él. Pasó y punto. Y aunque se cuenta como el peor de todos, también me llevó al enfrentamiento conmigo mismo de problemas muy fuertes, problemas que ya hoy, con ayuda de mucha gente, están resueltos. Soy feliz, Cirila, mucho.
Vamos a ser justos. Mira, hoy en día estoy más estable de lo que jamás he estado. Me siento completo. Creo que no te conté pero tomé un diplomado de Guión Cinematográfico. Me encantó, de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Y eso es porque con ese diplomado, me siento capaz de hacer algo muy cercano a mi meta como director, tan cercano, que no me disgustaría en absoluto vivir de guionista por el resto de mi vida. Así que ese es el primer punto de mi felicidad, que ya me siento capaz de hacer algo profesionalmente y que ese sentimiento, con todo y lo que varias personas me han dicho, no se me quita. Cuando escribo aquí en la casa, me siento lleno, me siento que estoy trabajando en lo que me gusta... un privilegio, si me lo preguntas.
El segundo punto es que, también tengo un trabajo que me da de comer, aunque no quisiera vivir de eso toda mi vida, por el momento me mantiene activo, me siento a gusto como nunca en un empleo, me siento bien... me siento libre aunque no lo sea.
Lo tercero ya lo dije, eso que tú sabes, se terminó. O más bien se está por terminar, muy pronto. Pero si estoy más cerca de lo que jamás había estado.
Otra cosa, siento a mi familia muy unida, mi papá, mi mamá, mi hermano... nos llevamos muy bien los 4. Me hubiera encantado que vieras como han cambiado las cosas. Y todo cambió porque decidí cambiarlo, dejar ir algunas cosas, asuntos que no me incumben, dejar a la gente ser, sobre todo a ellos 3 que me lo han dado todo.
Pero ya lo dije, vamos a ser justos. También estamos pasando por un mal momento pequeña. Tengo miedo, no te miento. Tú estabas conmigo la última vez que pasamos por un momento así. Sabes lo que hice y las repercusiones que aún pesan sobre mi, cicatrices que jamás sanarán, riesgos que corro hasta al pensar... Pero en fin. Esta situación es la que me impide sentirme completo con todo, pero sé que pasará, porque estamos más unidos que nunca y porque yo me siento mejor que nunca. También, aunque sabes que es algo que no me importa mucho, te lo presumo, ya bajé casi 30 kilos, ¿tú crees?
Hay otras cosas que quiero contarte, pero que no vale la pena darte el pesar. Muchas de las teorías que tengo sobre el mundo, Cirilita, se están probando como verdaderas... Me desanima mucho eso... Y tú sabes por qué. A un científico le emociona saber que lo que imaginó como verdadero, lo es. Pero a alguien como yo, no le puede dar alegría comprobar que el mundo ha tomado decisiones y escogido caminos de los que no se puede salir. Tú sabes mis teorías y los horrores que conllevan... pero en fin... no las imaginé para desacreditarlas...
Nada triste, Cirila. Estoy bien, ya te dije, mejor que nunca. A pesar del temblor, estoy muy bien. En mi mochila de emergencia que puse hoy junto a la puerta, está tu sudadera, esa que llevabas aquel día, junto con Toto y con mi Silmarillion. Es que no sé qué haría sin ese recuerdo tuyo.
Al Turin lo extraño mucho. Cuando lo veo brinca de alegría, me quiere tanto como me quieres tú. A él si me entristece mucho no tenerlo conmigo, tengo miedo que se olvidé lo mucho que lo quiero.
A algunos les sonará horrible lo que voy a decir, pero sé que a ti te dará más alegría que ninguna otra cosa: Ya no te extraño, Cirila, te recuerdo y sonrío, te recuerdo y soy feliz. Extrañar implica entristecerse, pensar en que no estás. Yo sé que ya no estás, yo sé que en donde estás, me ves. Sé que algún día, nos volveremos a ver.
Hasta pronto, Calacirya.
Publicado originalmente en Puerto al Olvido. Sujeto a las licencias de The Holy Crown Foundation.



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